Este artículo no vende pero hace visible lo invisible

Si el año 2016 debe acabar con una reflexión esa es la que se puso encima de la mesa en la I Jornada ODA, la desigualdad en el siglo XXI

Eventos como la I Jornada Observatorio Desigualdad Andalucía que tuvo lugar el pasado 11-12 de noviembre, son necesarios que se celebren en espacios abiertos como la Facultad de Derecho de la Universidad de Sevilla. Sobre todo, porque echando un ojo a los últimos datos de la Encuesta de Condiciones de Vida  del INE, más del 28,6% de la población española está en riesgo de pobreza teniendo en cuenta ingresos, carencia material e intensidad de empleo.

En medio de este panorama, el desafío del Observatorio Desigualdad es divulgar la desigualdad existente para contribuir a la construcción colectiva de propuestas que la reduzcan. De por sí es un objetivo retador en una sociedad donde los medios de comunicación se han ido alejando de esta función social de poner el foco en temas sociales que necesitan debatirse entre la ciudadanía para defender sus propios derechos y prosperar. Por ello, que fuese Àngels Barceló, una periodista comprometida con este tipo de información, la que tuvo la palabra en la apertura cobró gran importancia para hablar de un punto esencial.

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Según esta profesional de los medios de comunicación, “los periodistas han llegado a un punto en que no han sido capaces de interpretar el estado de ánimo de las personas”. El porque está en que llevan años comprando el discurso mediático de empresas demoscópicas en vez de “centrar el foco en temas como la desigualdad y la pobreza que está ahí entre nosotros y que es importante explicar las causas y el cómo para buscar soluciones en común”. Le indigna que “las cámaras solo están cuando hay imágenes impactantes buscando amarillismo, ya que para muchos jefes de redacción la desigualdad no vende y solo hay que contarlo cuando vende”. De esta forma se convierte en invisible y la gente no es consciente de ello. Aún así, Barceló se resiste a “cargar sobre los periodistas toda esta crisis de valores de los medios” porque ” también forma parte de tener una ciudadanía comprometida que este de nuestro lado interesándose por estas noticias que le involucran en el día a día”.

Y es que los datos que Julia Espinosa, experta en políticas públicas de género, nos dio si que son para abrir de una vez la conciencia de lo que no para de ocurrir en nuestro país. La doctora en Ciencia Política y Socióloga mantiene que “vivimos en un espejismo de la igualdad de género” cuando la realidad es que aún quedan muchos retos para que haya avances en este terreno. En el siglo XX empezó a ver cambios que han desestabilizado estas desigualdades entre hombres y mujeres como la entrada de la mujer en las universidades, sin embargo sigue existiendo una gran discriminación hacia la mujer en las esferas sociales y económicas.

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Julia que trabaja en un nuevo informe en el Observatorio de Género sobre Economía Política y Desarrollo en la Universidad Pablo de Olavide, afirma que los datos ponen de manifiesto que “estos años de crisis se ha acentuado el riesgo de exclusión social de las mujeres, pues en el mercado de trabajo son las que más contratos temporales tienen marcados por salarios más bajos y situaciones más precarias”. Aunque los datos no dejan de reflejar una realidad que empeora, la investigadora es optimista y cree que “existen alternativas para que la política ponga de nuevo en el centro a las personas”.

Ella cree en esta posibilidad porque “toda conciencia social comienza por un cambio individual” y la gente cada vez es más consciente de lo que está pasando. Así lo pudimos comprobar en el Work-Café junto a un grupo de ciudadanos que se acercaron a formar parte de un diálogo sobre el mercado laboral, género y cooperación para el desarrollo.

En esta reunión se pudieron poner puntos en común como la prioridad de parar el nacimiento del “precariado” desde que las empresas han empezado a aprovecharse de una mano de obra más barata pero más cualificada pagando a jóvenes con salarios muy bajos. Fue una ocasión para discutir abiertamente sobre la importancia de romper los estereotipos en la educación y que esto conlleve a poder acabar con ese techo de cristal que impide muchas mujeres subir a puestos de responsabilidad. No menos interesante fue pasar por la mesa de cooperación al desarrollo de la que nos llevamos para la redacción una reflexión final que quizás sea el resumen de todo lo demás:

“Pensar globalmente, para actuar localmente y personalmente”

Y es que nada más salir, solo nos hizo falta andar 10 minutos hacia nuestro punto de regreso para encontrarnos más ejemplos de la falta que hace que haya una transformación a un modelo económico más colaborativo:

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” Próxima construcción de viviendas de LUJO…”

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¿Está en nosotros pedir al gobierno como ciudadanos acabar con la desigualdad que crea pobreza?

 

 

 

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